LIBRO JAG SAMEAJ - OFERTA

martes, 21 de febrero de 2012

Nuevas princesas y dragones están llegando

¡Ya está llegando a todas las librerías mi nuevo libro! "Historias de Princesas, amores y hechizos". Para los fanáticos del primer libro de princesas y caballeros, éste trae nuevas historias, más aventuras, personajes más desopilantes y la continuación del cuento "Una docena de caballeros". Infaltable en la biblioteca de todo chico.
Los dibujos son del gran ilustrador Pablo Zamboni. Les dejo su blog para que lo conozcan mejor. 
Editado por Longseller.


Aquí la tapa del nuevo libro. Adentro está repleto de dragones, brujas, caballeros y princesas que intentarán resolver sus problemas de las maneras más divertidas.
Saludos!



miércoles, 8 de febrero de 2012

Ciencia Ficción para Chicos III

Después de mucho tiempo, regresan los cuentos de ciencia ficción para chicos. Un género poco explotado, y sin embrago muy divertido. Esta es la historia de nuestro mundo en sus últimos momentos. Espero la disfruten.


PAZ ALIENÍGENA


Los misiles caían como gotas de lluvia en una tormenta, llevándose consigo edificios, casas, autos, árboles y personas. Muchas. Hombres, mujeres, niños, que desaparecían al instante como por arte de magia. Pero eso no era magia, era la guerra, o al menos un tipo de guerra muy extraña. Hacía meses que había comenzado de forma sorpresiva, pero siempre estuvo latente la posibilidad de que eso sucediera. Durante años el hombre fabricó sus armas para defenderse, para protegerse, para luchar por sus intereses a toda costa, pero en el año 2.290 sus intenciones se volvieron en contra, y ya fue muy tarde para revertir la situación.
Entre escombros y edificios destruidos, Velland y su perro escapaban por las calles de lo que supo ser una ciudad. Las bombas caían sin piedad, y no dejaban nada en pie. Velland veía madres llorando, hombres desconcertados, hijos perdidos. Quería ayudar a todos, pero ya nada podía hacer: debía huir y encontrar refugio.
Velland se perdió mirando el cielo, porque sabía que la razón de lo que sucedía se ocultaba detrás de las nubes de polvo. Tenía formas extraterrestres, tenía formas de venganza. Kil ladró para que su amo volviera en sí, y juntos continuaron escapando. Una abeja de metal pasó zumbando muy cerca, y se coló por la puerta de una casa para hacerla estallar en pedazos. Hombre y perro corrieron para salvar sus vidas; corrieron sin rumbo para intentar evitar un final predecible.
Una nueva bomba estalló cerca de Kil, y la furia de la explosión lo arrojó lejos. Lastimado intentó levantarse, pero no pudo. Vellard se acercó a su mascota, que se lamía las heridas.
–Amigo… –dijo acariciando su lomo–. Esto es culpa nuestra, del hombre. Te pido perdón en nombre de todos nosotros. Somos los responsables.
El perro ladró, y Vellard comprendió que su compañero lo perdonaba.
–Fuimos muy pedantes. Siempre creímos que podíamos hacer lo que nos plazca. Destruir bosques, contaminar mares, aniquilar especies. Y que nadie nos detendría. Hasta creímos que podríamos vencer a los invasores. Que no eran invasores, eran simples visitantes de otros mundos que venían a ayudarnos. Pero con terquedad, preferimos atacarlos. Y ahora pagamos. Perdonanos por ser tan engreídos y descuidados, amigo. Ahora nos enteramos que son una raza pacífica, que odian las armas. Es más, carecen de ellas. Y eligieron destruirnos con nuestras propias armas, con las que los atacamos a ellos. Nos castigan con lo que creímos que nos defendíamos. Ellos buscan la paz en el universo, y con nosotros no la podrán encontrar.
Kil ladró nuevamente, y lamió la mano de su amo. Vellard miró el cielo. La nube de polvo se había disipado un poco, y pudo ver la nave alienígena que lanzaba los misiles.
–A mí tampoco me queda mucho más, Kil. A mí tampoco –Vellard abrazó a su perro y esperó que todo terminara.