LIBRO JAG SAMEAJ

LIBRO JAG SAMEAJ
En este libro encontrarás relatos e ilustraciones sobre las fiestas judías, para leer con tus hijos, con tus alumnos, o con tus janijim. Los 13 cuentos relatan historias de Pesaj, Iom Kipur, Rosh Hashana, Sucot, Purim, Jánuka y muchas otras festividades. Tiene además 5 relatos bíblicos que te ayudarán a ubicar el contexto de cada fiesta. Ideal para chicos entre 4 y 9 años. Hacé click en la imagen y llevate el Ebook.

miércoles, 25 de noviembre de 2009

Día de la Música

Se me pasó!!! El 22 fue el día de la música, y para homenajearla, nada mejor que un cuento. saludos!!

Y LA MÚSICA SIGUIÓ SONANDO
El concierto estaba a punto de comenzar. Los músicos subieron al escenario, y el público aplaudió. Luego apareció el director de la orquesta, y el público volvió a aplaudir. Todo el teatro estaba en silencio, esperando escuchar las más hermosas melodías. Y cuando el director dio la orden con su batuta, los músicos comenzaron a tocar sus instrumentos. ¡Para qué! Ningún sonido se oía. Los músicos tocaron con más fuerza, pero no pasó nada. El público comenzó a levantarse, enojado. El director estaba muy nervioso, no sabía qué hacer.
De pronto, de tanto soplar y soplar, la trompeta comenzó a sonar. Pero no una canción. No, nada de eso. Comenzó a hablar. Sí, palabras de verdad. Toda la gente que se estaba yendo, se dio vuelta para ver qué pasaba. Al director de la orquesta, del susto, se le cayó la peluca que usaba. Y la trompeta dijo:
“Si, así es. No queremos sonar más. ¿Por qué siempre aplauden a los músicos, al director, pero nunca nos aplauden a nosotros?”
Entonces el piano, con sus teclas que parecen dientes gigantes dijo:
“La trompeta tiene razón. Estamos cansados de tanto trabajar y que nadie nos felicite. Nosotros también somos importantes en la orquesta”.
El tambor, que comenzó a rodar por todo el escenario dijo:
“Por eso hoy decidimos no sonar más. A menos que hagan algo al respecto”.
Todo el público se asombró. Era muy raro escuchar a los instrumentos hablar. Pero alguien del público gritó:
“¿Y si hoy se convierte en el día de la música, para felicitar a todos los instrumentos que hacen las canciones más lindas?”
Entonces la guitarra, moviendo sus finas cuerdas, dijo:
“Excelente idea. A partir de hoy, todos los 22 de noviembre serán el día de la música”.
Y desde hace muchos años se festeja el Día de la música. Si los instrumentos no hubieran pedido lo que creían que se merecían, nunca hubieran tenido su día. Te lo cuento, por si no lo sabías.

miércoles, 18 de noviembre de 2009

Juguetes de Ayer

Este cuento fue publicado este año, en uno de los libros escolares de EDIBA. Me gusta mucho la relación que entablan abuelo y nieto, y lo que significa para un chico tomar decisiones.

Que lo disfruten!


JUGUETES DE AYER
Hace unas semanas mi abuelo me vio jugando con un jueguito electrónico de carreras de autos. Él no entendía muy bien cómo funcionaba, pero me veía jugar todo el día. Entonces me hizo una proposición:

–Agustín –me dijo–, en unas semanas es tu cumpleaños, y no sé que regalarte. En realidad tengo pensado tres regalos distintos, y no sé cuál te va a gustar más.

–Y… Dame los tres, abu –le dije con una sonrisa.

–Ja ja ja. Lo que voy a hacer es dejarte jugar con los tres, para que los pruebes. Vas a cumplir ocho años, y estás grande para decidir qué juguete es el que más te gusta.

Acepté su idea tan extraña. Al día siguiente, recibí un balero. Sí, así se llama. Es una pelota de madera, del tamaño de una mano, con un agujero debajo. Esta pelota está atada a un palo. El juego es tratar de embocar el palo en el agujero de la pelota. Al principio parecía aburrido, pero después de varios días cada vez jugaba mejor. Había días que embocaba la pelota hasta tres veces. Y cuando me empezó a gustar el juguete, llegó mi abuelo y me lo cambió por otro. Era el trato que teníamos. Me dio un yo-yo. Nombre raro el de este juguete. Es… es… como un alfajor atado con un piolín, y te lo atas al dedo. Aprendí a hacer muchas piruetas: el ascensor, el perrito, la vuelta al mundo. Y cuando menos lo esperaba, mi abuelo me lo cambió por un trompo. Este juguete es difícil de explicar cómo es, pero lo que les puedo decir es que gira como un tornado, y cuanto más tiempo gira, más divertido es. Pero también me sacó el trompo.

Durante varios días no supe qué hacer. Habíamos hecho un trato, y tenía que elegir un juguete, pero los tres me habían gustado mucho. Entonces se me ocurrió una idea.

El día de mi cumpleaños, mi abuelo entró a mi cuarto y me dijo:

–¿Y, Agustín? ¿Ya sabés que juguete querés que te regale?

–Me gustaron los tres –le dije–, por eso te propongo un nuevo trato, abu. Te cambio tus tres juguetes, por mi jueguito electrónico.

Mi abuelo pensó un rato y me dijo:

–Trato hecho. Dejaste de lado un juguete que te gusta por otros tres que también te gustan. Eso también es poder elegir. Te felicito.

Ahora estoy feliz y no dejo de jugar con mis nuevos juguetes. Y no se sorprendan si ven a mi abuelo por la calle con el jueguito electrónico, parece que le encantan las carreras de autos.

miércoles, 11 de noviembre de 2009

nuestras artes

Hoy no sólo es mi cumpleaños (29 añitos!!), sino que también comienza la Semana de las artes (del 11 al 15 de noviembre). La mejor manera de celebrar ambos eventos, es con una poesía que publiqué hace algunos años, sobre las artes. Que la disfruten. Saludos.

Nuestras Artes

En noviembre celebramos,
Algo muy especial.
Se trata de la semana de las artes,
Una semana ideal.

Son seis las artes que tenemos,
Cada una divertida,
Las aprendemos en la escuela,
Y nos alegran la vida.

Si te gusta la Pintura,
Usarás témperas y pincel,
Si te gusta la Escultura
Darás forma con un cincel.

La Escritura, con sus cuentos y relatos,
Nos llena de fantasía,
Y la Danza, entre pasos y piruetas,
Nos asombra la coreografía.

En el Teatro vemos a los actores,
Que personajes interpretan,
Y en la Música escuchamos cantantes,
Con sus voces nos deleitan.

sábado, 7 de noviembre de 2009

Juegos en la Nieve

Cuento publicado en el libro escolar de Primer Grado de Ediba, en 2004, y nuevamente en 2009. Espero les guste. Saludos.

JUEGOS EN LA NIEVE

El año pasado Lucía se fue con sus papás y su hermano a Mendoza durante las vacaciones de invierno. Era la primera vez que Lucía tocaría la nieve. Cuando llegaron, la pequeña nena se bajó del auto tan rápido como un rayo, y mientras se sacaba los guantes, se tiró de cabeza sobre el hielo.

–¡Esto está muy frío, mami! –gritó la nena mientras reía.

–¿Viste Lucy? Es como hielo todo roto –respondió la mamá mientras miraba a su hija jugando en la nieve.

–Me encanta la nieve –dijo la nena mientras hacía una bola.

Estuvieron jugando un rato largo, haciendo bolas y arrojándolas muy lejos, armando muñecos de nieve, haciendo pozos y todo lo que se te ocurra. Hasta que el papá dijo:

–Bueno, nos tenemos que ir al hotel.

Lucía puso cara de tristeza y dijo:

–Yo no me quiero ir. Me gusta mucho jugar en la nieve.

–Ya lo sé hija, pero mañana tenemos que volver a casa. Ya se terminan las vacaciones –dijo la mamá.

–Bueno. Pero me quiero llevar un poco de nieve para mostrarle a Juli. Ella es mi amiga, y nunca tocó la nieve.

–No vas a poder, hijita. Se va a derretir toda, y cuando lleguemos a casa la nieve va a ser agua –respondió la madre.

La familia se subió al auto y se fueron al hotel. Al día siguiente ya estaban en su casa otra vez. Las vacaciones habían terminado y Lucía volvió al colegio. Al regreso, invitó a su amiga Julieta a su casa para contarle sobre sus vacaciones en Mendoza. Mientras estaban merendando, la madre escuchó lo que decían.

–¿Y cómo es la nieve, Lu? –preguntó Julieta mientras comía una galletita.

–Es muuuuyyy fría. Y blanca. Es como arena toda blanca, pero más fría.

–Me encantaría tocar la nieve. Mis papás dicen que algún día vamos a ir.

–Yo te quería traer un poco, pero mi mamá dijo que se iba a hacer agua.

La madre, que estaba escuchando todo, agarró un plato grande y abrió el freezer. Junto mucho hielo y cuando se dio vuelta dijo:

–Yo sí traje un poco de nieve para que Juli la pueda tocar.

Y puso el plato en el medio de la mesa. Entonces las dos nenas enterraron sus manos y comenzaron a jugar con esa nieve tan rara.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Concurso Literario




Me interesa difundir el concurso literario "De Ana Frank a nuestros días", porque incentiva a los jóvenes a escribir y a descubrir la historia. Se entrecruzan dos disciplinas muy interesantes, y puede ser enriquecedor para cualquier persona que desee escribir.
El concurso es para jóvenes y pueden encontrar las bases en el sitio.

El Centro Ana Frank Argentina y el Ministerio de Educación de la Ciudad de Buenos Aires, te invitan a participar del concurso Literario “De Ana Frank A Nuestros Días”, y ganar un viaje para conocer la Casa de Ana Frank en Amsterdam.

Saludos

domingo, 1 de noviembre de 2009

Tres barriletes

A continuación un cuento que escribí este año, y que demuestra que no siempre la unión hace a la fuerza. Saludos!

TRES BARRILETES
Leandro, Luciano y Lionel miraban la televisión cuando en un programa mostraron un torneo de barriletes. Los tres se miraron y dijeron al mismo tiempo: “¡hagamos uno!”

–Chicos, creo que tengo una revista que enseña cómo hacelos –dijo Leandro–. Voy a buscarla.

Cuando regresó, tenía la revista y los materiales que necesitaban. Hilo, papel barrilete, varillas de madera, un poco de trapo, tijeras y cinta de papel.

–Voy a usar el papel verde –dijo Lionel.

–No, ¿por qué vas a usar vos todo el papel?– protestó Luciano.

–Porque quiero que sea muy grande y lindo mi barrilete.

–Entonces, si te llevás el papel, yo me llevo el trapo para hacer la cola.

–No. Esos son los únicos pedazos de tela que hay –se quejó Leandro.

–No me importa. Si Lionel se queda con el papel, y no lo reparte entre los tres, yo me quedo con todo el trapo.

–Bueno. Quédense con esas cosas, yo me llevo todo el hilo –dijo Leandro enojado.

Y así cada uno construyó su barrilete como pudo. Lionel, en lugar de piolín, usó los cordones de sus zapatillas. Luciano uso papel de diario. Y Leandro, con cinta de papel, hizo la cola de su barrilete. Después de mucho trabajo, salieron al jardín a remontarlos.

Pero ninguno logró remontar su barrilete. Intentaron muchas veces, hasta que se cansaron de correr. Cuando parecía que un barrilete comenzaba a elevarse, volvía a caer, y los otros dos chicos se reían.

Después de mucho probar, Lionel dijo:

–Chicos, esto no funciona. Algo hicimos mal.

–Claro que hicimos algo mal –dijo Leandro–. Vos tenés un hilo muy corto, Luciano usó papel de diario, y la cola de mi barrilete no pesa lo suficiente. Eso pasa porque no compartimos los materiales.

–Entonces compartámoslos –dijo Luciano –y nos turnamos para remontarlo.

Los tres chicos desarmaron sus barriletes, para armar uno con los materiales correctos. Minutos después, un hermoso barrilete verde estaba construido. Leandro tomo el hilo y comenzó a correr, pero el barrilete tampoco se elevó. Probaron Luciano y Lionel y tampoco funcionó. Entonces Leandro tomó la revista, la miró y dijo:

–No entiendo. Seguimos los pasos a la perfección. Se necesita hilo, papel barrilete, varillas de madera, trapo para la cola…–dijo Leandro.

–¿Qué pasa, Lean? –preguntó Lionel.

–Nos olvidamos de algo muy importante para poder remontar un barrilete.

Los amigos se miraron sin saber qué faltaba. Entonces Leandro les dijo:

–¡Falta viento! ¡Sin viento el barrilete no vuela!

Los tres amigos comenzaron a reírse tanto que no podían parar.

–Volvamos a intentarlo mañana –dijo Luciano, mientras los tres entraban a la casa para merendar.

lunes, 26 de octubre de 2009

vida en el agua

Un cuento publicado el año pasado, antes de las olimpíadas. Espero les guste. Saludos.

VIDA EN EL AGUA
José nació en un pueblo rodeado por las sierras y una gran laguna cristalina se encontraba cerca de su casa. Pasaba horas enteras en el agua. Nadaba boca arriba, boca abajo, de costado, para adelante, para atrás… y hasta inventaba estilos. El agua era fresca casi todo el año, por eso nunca dejaba de nadar allí.
Su madre, muchas veces se enojaba porque José, en lugar de hacer la tarea de la escuela o ayudarla a limpiar la casa, se iba a la laguna a practicar su estilo pecho.
–José, dejá de pensar en el agua. Algún día te vas a arrugar todo por pasar tanto tiempo nadando –decía su madre cuando lograba que su hijo regresara a su casa.
Pero José no le hacía caso. A veces la ayudaba con las tareas del hogar, pero él prefería ir a nadar.
Sus amigos lo invitaban a jugar al fútbol o a participar en carreras de autitos, pero él siempre decía que tenía otra cosa que hacer. Sus amigos sabían a dónde iba José: a la laguna a nadar. Por eso le decían El Delfín.
Los años pasaron y José creció, y cada vez nadaba mejor. Su cuerpo fue fortaleciéndose; sus brazos largos arrastraban el agua como si fuera aire; sus pies pataleaban con tanta fuerza como los motores de una lancha. Sus padres vieron que José amaba lo que hacía. Por eso su padre llamó por teléfono a un amigo que vivía en la ciudad y le contó lo bien que nadaba su hijo. Este hombre le pidió que llevaran a José a la ciudad porque quería conocerlo. Cuando José mostró cuánto sabía nadar, y lo bien que lo hacía, le pidieron que participara de un torneo. Su emoción fue tan grande, que esa noche no pudo dormir. Entrenó durante semanas, y cuando llegó el día de la carrera, José estaba muy seguro de ganar. Había entrenado mucho, se había esforzado al máximo. La carrera terminó, y José obtuvo el primer premio. Desde ese día José, todos los años participa en competencias y torneos, no siempre sale primero, pero hace lo que realmente le gusta: nadar.
Este año, le pidieron que participara en el torneo deportivo más importante del mundo. Por eso está entrenando más que nunca. José viajará a China, a los Juegos Olímpicos, y nadará como nunca lo ha hecho; nadará porque es lo que más le gusta.

domingo, 18 de octubre de 2009

El mejor lugar

Hace unos días le envié a la ilustradora Alejandra Karageorgiu uno de mis cuentos. Ella, con mucha creatividad, dibujó está imagen que comparto con uds.
Abajo encontrarán el cuento que la inspiró. Saludos.



El mejor Lugar
Entre todas las plantas, el girasol es la flor que más necesita la luz del sol. Su cuerpo se mueve y gira, para encontrarlo. Esta es la historia de un girasol y de una rosa que no se llevaban muy bien.
Una mañana, cuando el sol ya había salido, el girasol abrió sus ojos y se encontró con una gran sombra que cubría su cuerpo.
–¿Qué sucede? –se preguntó muy asustado.
La rosa, al ver el desconcierto de su compañero, le dijo:
–Muy temprano, el granjero decidió plantar un árbol. Y lo puso justo delante de ti.
–No puede ser. Necesito la luz del sol para vivir –se quejó.
–Ja, ja. ¿Qué se puede hacer? –se rió la rosa–. No me gustaría estar en tu lugar.
El girasol intentó moverse para un lado y para el otro, pero la luz no llegaba a ver. Tenía miedo de marchitarse. Veía a la rosa, con su tallo y hojas cubiertas por el sol, y le daba mucha rabia. “No puede ser que tenga tanta mala suerte”, pensó.
–¿Me ayudas a pensar qué puedo hacer para ver el sol? –preguntó la flor amarilla a su compañera.
–Ahora no puedo. Estoy tomando sol. Necesito juntar fuerzas para cuando sea de noche –contestó la rosa sin intención de ayudar.
–Por favor –le pidió el girasol–. No ves que si no recibo sol, me marchito.
–No puedo hacer nada –respondió la rosa–. No me gustaría estar en tu lugar.
Varios días pasaron, y el girasol se esforzaba mucho por tener algún rayo de luz, mientras veía a la rosa que disfrutaba del calor del sol. Sólo por las tardes recibía el girasol un poco de brillo. Pero un día, el cielo estaba tan negro, y había tantas nubes, que las flores se asustaron. De pronto, una intensa lluvia comenzó a caer y mojó todo a su paso. Sin embargo, el girasol se mantenía casi seco. Sólo una fina lluvia mojaba su cuerpo. Y veía a la rosa empapada por el agua.
Cuando la lluvia se detuvo, el girasol observó a su compañera y le dijo:
–¿Cómo te sentís, Rosa?
–¿No me ves? Estoy toda lastimada y arruinada –contestó muy triste la flor.
Era cierto. La rosa había soportado y sufrido la fuerte lluvia y el viento, mientras que el girasol estuvo protegido por el gran árbol que lo cubría. La rosa pensó en la suerte que tenía su compañero, pero no se animó a pedirle ayuda, porque cuando él le pidió ayuda, ella se rió de su desgracia. Sin embargo el girasol se estiró un poco hasta llegar a la rosa, y con una de sus hojas comenzó a secarla. La rosa sonrió y le pidió perdón por haberse reído antes. Desde ese día, ambos compartieron la luz del sol.

jueves, 15 de octubre de 2009

el final esperado

Después de recibir varios finales para el cuento "Un trabajo para cada uno", posteado hace unas semanas, publico hoy, aquí, el final original. Felicito a todos los chicos que escribieron el mismo final que había escrito yo hace tiempo atrás. Y felicito a los que escribieron un final distinto, raro y novedoso, porque así nos demuestran que una historia no tiene siempre un sólo final. Mis felicitaciones para todos, incluso el profe de computación...
Que lo disfruten. Saludos


Un Trabajo para cada uno
     Débora, la maestra de 2° año, les dijo a los chicos de la clase que dibujaran qué querían ser cuando fuesen grandes.
     Cada uno agarró sus lápices de colores, y empezó a dibujar. El aula se quedó en silencio.
    Fabián dibujó un bombero, con su traje rojo y una manguera en la mano.
    Pablo quería ser poeta. Le gustaba mucho leer y hacer rimas.
    Karina siempre soñó con ser doctora. Entonces se dibujó en el papel con un delantal blanco atendiendo a un paciente.
     Eleonora quería ser bailarina. Sobre un escenario color marrón se dibujo bailando, y mucha gente aplaudía.
     Diego dibujó un futbolista que hacía un gol y toda la tribuna festejaba.
     Florencia se dibujó dentro de un televisor. Se imaginaba siendo actriz.
     Leo quería ser pintor. Sus colores sobre el papel formaban dibujos hermosos.
     Débora se levantó de su asiento, y comenzó a caminar por el aula, mirando los dibujos de sus alumnos. Sus ojos brillaban como dos estrellas. Hasta que vio que Micaela no había comenzado a dibujar. Su hoja estaba en blanco.
    -Mica, ¿qué pasa que no dibujas?
    -Es que no sé qué quiero ser cuando sea grande.
    -Podés ser muchas cosas: doctora, veterinaria, científica, arquitecta. ¿Qué te gustaría hacer?
     -Me gustaría... Ah... Ya sé –dijo mientras agarraba el lápiz negro.
    Débora se quedó mirando para ver que iba a dibujar. Y cuando terminó, Micaela le dijo:
    -Le gusta, seño. Yo quiero ser maestra. Como usted.
    Débora le dio un beso en la frente y continuó caminando por el aula. Mucho más feliz de lo que se pueden imaginar.

sábado, 10 de octubre de 2009

Super Hijitus

Navegando en internet, encontré un site muy interesante, para chicos y para grandes que quieren recordar cuando eran chicos. Museo de Trulala es un site en homenaje a García Ferré, el reconocido dibujante de personajes como Hijitus, Anteojito, Trapito, entre muchos otros. Carlos Carella realiza la destacable labor de publicar los dibujos de distintos ilustradores y dibujantes.

En mis años de adolescente, donde aún no tenía ni escanner ni poderosas herramientas tecnológicas para plasmar los dibujos en la computadora, decidí dibujar con el mouse. Sí, pixel por pixel en el paintbrush... lo único que tenía a mano. Y entre esos dibujos, realicé la familia completa de Hijitus.

Hoy fue enviada a Carlos, y la posteó en su site. Un orgullo para mi.

Espero que lo disfruten (tanto el dibujo como el museo)
saludos!

Adjunto la imagen para que también la vean aquí.


lunes, 5 de octubre de 2009

varios finales II

Nuevos finales, de los alumnos de Rosario. Gracias a todos por participar!!

- ¡Hey!... Ya sé que me gustaría ser: maestra jardinera como mi mamá.
Entonces Micaela dibujó un delantal cuadriculado celeste y blanco con niños corriendo.
Ella fue corriendo hacia la maestra.
- ¡Seño, seño, mirá lo que dibuje! ¿Te gusta?
- Sí, me encanta Mica… Muy creativo, ¡Te felicito!
Micaela le fue a mostrar a sus amigos y empezaron a hablar todo el día sobre los trabajos.
Enviado por Camila Dellamagiora, Malena Ferreira y Ornella Schenone 6to B – Huerto – Rosario

Cuando agarró su lápiz, dibujó lo que quería ser muy rápidamente. La seño quedó impactada: había dibujado a una maestra enseñando a unos chicos .La maestra quedó conmocionada al saber que alguien quería sea igual que ella, y supo en ese instante que aún hay gente que busca lo mismo que ella buscó hace mucho tiempo.
La profesora le dijo a Micaela:
- Micaela es hermoso, me encanta. Espero que seas una gran maestra como yo.
De pronto, se abrazaron y se pusieron muy felices.
Enviado por Stefano Tettamanzi 6to “B” – Huerto – Rosario

Ser como vos seño, pero no para enseñar matemáticas, ni lengua, quiero enseñar lo que es la felicidad, lo que es la verdad, que todos tenemos derechos a ser libres sin discriminación, sin agresiones, sin guerra, quiero paz, lo que más se necesita en el mundo. Además podría ser ecologista, que tiene mucho que ver con lo que pienso. Espero llegar lejos con mi sueño… Enseguida sonó el timbre y se fueron corriendo, pero la seño se dio cuenta que Mica no solo era una niña humilde, buena y solidaria, también piensa en el Mundo.
Enviado por María Sofía Colazo 6to “B” – Huerto - Rosario

Comenzó a dibujar con colores hermosos, la maestra le dijo: - ¿Qué estás dibujando Micaela? Ella le respondió: -Estoy dibujándome como maestra. Débora se puso contenta y la felicitó.
Al otro día, Débora le pidió a Micaela que presentara su dibujo en el concurso “Dibujando por la Felicidad” y Micaela entró a dicho concurso. A las dos semanas se enteró de que había salido primera y todos en la escuela la felicitaron.
FIN
Lourdes Mouliá y Rocío Trovant. 6to “A”. Huerto – Rosario.

jueves, 1 de octubre de 2009

varios finales

Les traigo aquí, varios finales para el cuento que se encuentra debajo: "Un trabajo para cada uno". Estos finales me los mandaron chicos de la escuela Nuestra Señora del Huerto de Rosario, y me gustaron mucho. Espero les guste a ustedes también. Si recibo más, los publicaré también.
saludos y gracias por participar!!


...y muchos colores, y entonces comenzó a dibujar con colores hermosos. La maestra le preguntó: - ¿Qué estás dibujando Micaela?
Ella le respondió: - Estoy dibujándome como maestra.
Débora se puso contenta y la felicitó.
Enviado por Facundo Paulucci - 5to "A"

...Luego, la maestra dijo que ya era tiempo de entregar sus trabajos, y todos le gustaron mucho, pero el que más le fascinó fue el de Micaela. Ella había elegido ayudar a los más necesitados, ayudar en los hospitales y acompañar a los pacientes, dar comida y ropa a los que no tienen, enseñarles cosas nuevas que no sepan, etc. Se había dibujado siendo solidaria con cada persona que tenía a su alrededor, les contaba cuentos y ellos muy contentos la escuchaban, además había utilizado colores hermosos y brillantes. A ella le gusta todo eso, siempre fue gentil y amorosa con sus compañeros, prestaba sus útiles, era una muy buena amiga. Y la seño le mostró el dibujo a la directora del colegio quién le puso un diez por su trabajo.
Enviado por Nicolina Sanfilippo - 5º "A"


…¡Ah!… dijo Micaela, quiero ser psicóloga y entonces empezó a dibujarse atendiendo pacientes adultos y chicos, y también quería ser cantante, y en otra hoja se dibujó con el micrófono en un escenario con todo el público aplaudiendo y gritando: -¡Bravo Mica! … ¡Olé, olé, oleeeé, Mica, Mica! ¡Olé, olé, olé, Mica, Mica! Y después entregó su trabajo y la maestra emocionada le dijo: -¡Vas a ser una psicóloga o una cantante muy famosa! Fin
Enviado po Natali Baldovino. 5to “B” Huerto Rosario

….Y se dibuja con unos animales. La maestra le pregunta: - al final ¿Qué queres ser? – y Mica le respondió: - ¡Quiero ser veterinaria! Pero solo de animales domésticos. La maestra le contestó:- Pero los veterinarios atienden a todos los animales.

Luego de unos minutos toca la campana del recreo, y Mica seguía con la hoja en blanco… De tanto borrar ya tenía cuatro agujeros. La seño dijo.- ¡Vamos al recreo! Todos salieron pero Mica se quedó intentando descubrir que quería ser cuando fuera mayor.

Al ver su tristeza la seño le preguntó:- ¿Te ayudo?

Como no le respondió, ella se fue a tomar un café y cuidar a sus alumnos.

Cuando volvió todo el grado, Mica ya se había decidido: seria maestrea como la seño Débora. Lo que más le gustaría enseñar sería sobre animales, flores, mariposas. Pero también poesías y cuentos.

Así decidió ser lo que sería cuando sea grande.
Enviado por Marina Julieta y Gorostarzu Micaela. 6º “A” – Huerto - Rosario

Micaela empezó a dibujar, su dibujo no era muy grande pero con mucha elaboración le encantaba lo que dibujaba y quería hacerlo lo mejor posible

Cuando terminó de dibujar, en ese momento se levantó la seño Débora para revisar como iban. Volvió a ver los mismos dibujos ya terminados y casi lloró de la emoción cuando vio la hoja de Mica. La hoja decía: “para mi seño: yo voy a ser maestra como la seño Débora”. La maestra la abrazó y le dijo que iba a ser una gran maestra.
Enviado por Agostina Peirano 6 “ A “ Huerto Rosario

lunes, 21 de septiembre de 2009

Un trabajo para cada uno, sin final

Con el maestro de computación del colegio Nuestra Señora del Huerto, de Rosario, ideamos una actividad.

A continuación encontrarán la mitad de un cuento, un cuento sin final. Todos aquellos que deseen escribir un final, y mandarmelo por mail (contaleadario@yahoo.com.ar), serán bien recibidos. De todos los finales que reciba, elegiré 5 para publicar en el blog. Los más lindos, los más creativos, los más graciosos. Los que más me gusten. Serán publicados con el nombre de su autor.

Así que, chicos de Nuestra Señora del Huerto, o de cualquier otra escuela que deseen participar, estaré esperando sus increíbles historias.


Un trabajo para cada uno

Débora, la maestra de 2° año, les dijo a los chicos de la clase que dibujaran qué querían ser cuando fuesen grandes.

Cada uno agarró sus lápices de colores, y empezó a dibujar. El aula se quedó en silencio.

Fabián dibujó un bombero, con su traje rojo y una manguera en la mano.

Pablo quería ser poeta. Le gustaba mucho leer y hacer rimas.

Karina siempre soñó con ser doctora. Entonces se dibujó en el papel con un delantal blanco atendiendo a un paciente.

Eleonora quería ser bailarina. Sobre un escenario color marrón se dibujo bailando, y mucha gente aplaudía.

Diego dibujó un futbolista que hacía un gol y toda la tribuna festejaba.

Florencia se dibujó dentro de un televisor. Se imaginaba siendo actriz.

Leo quería ser pintor. Sus colores sobre el papel formaban dibujos hermosos.

Débora se levantó de su asiento, y comenzó a caminar por el aula, mirando los dibujos de sus alumnos. Sus ojos brillaban como dos estrellas. Hasta que vio que Micaela no había comenzado a dibujar. Su hoja estaba en blanco.

-Mica, ¿qué pasa que no dibujas?

-Es que no sé qué quiero ser cuando sea grande.

-Podés ser muchas cosas: doctora, astronauta, científica, arquitecta. ¿Qué te gustaría hacer?

-Me gustaría... Ah... Ya sé –dijo mientras agarraba el lápiz negro.

...

viernes, 18 de septiembre de 2009

Una charla entre amigos

En 2006 publiqué el cuento "Una charla entre amigos" en el libro "Puerta Abierta" de AZ EDITORA. Aquí se los dejo, con ilustraciones y todo, para que lo disfruten. Saludos!

martes, 15 de septiembre de 2009

encontrar el caramelo

Nos tenemos que dar cuenta que a veces convidar puede tener sus beneficios... Les dejo un cuento, donde Gonzalo aprende que compartir es muy bueno.
saludos!


Encontrar el caramelo
Gonzalo era un poco goloso, y no le gustaba compartir sus golosinas. Un día Luciana lo descubrió en el recreo comiendo unos caramelos a escondidas del resto de sus compañeros.
–Gonza, ¿me das un caramelo? –preguntó la nena de largas trenzas.
Gonzalo, que tenía pocas ganas de convidarle, le dijo:
–Mejor ganátelo –anunció mientras se llevaba un caramelo y ambas manos detrás de su espalda.
El chico, con sus puños cerrados, colocó los brazos delante de los ojos de Luciana y le dijo: “¿En qué mano tengo el caramelo?”. Pero la nena vio que Gonzalo había dejado caer el caramelo detrás de él. ¡Había hecho trampa! Y sabía que si decía cualquier mano, iba a perder. Entonces pensó un rato, y le contestó:
–Hagamos al revés. Si descubro cuál mano está vacía me quedo con el caramelo. Es lo mismo, ¿no? –dijo la nena con una sonrisa, porque sabía que ambas manos estaban vacías.
–Si... Es lo mismo... –contestó el nene, mientras entendía lo que sucedía.
–Entonces elijo la derecha –respondió ella muy contenta.
Gonzalo abrió su mano y nada había allí. Sólo una mano vacía.
Gonzalo le dio un caramelo a Luciana, y ella lo sorprendió regalándole un chupetín. Ese día, Gonzalo se dio cuenta que quién da también recibe.

martes, 8 de septiembre de 2009

Cuatro Estaciones

Les traigo un nuevo cuento. Saludos...

CUATRO ESTACIONES
Si nadie te dio la bienvenida, te la doy yo. ¡BIENVENIDO! Sos uno de los miles y miles de pasajeros que viajan en este tren, de asientos cómodos, largos vagones, y con una locomotora que no deja de echar humo. Las vías forman un círculo muy grande, y siempre volvemos a empezar el viaje. En el recorrido de este extraño tren encontrarás cuatro estaciones, muy diferentes entre sí. A veces el tren se retrasa un poco, pero siempre llega. Los nombres de las 4 estaciones los debés conocer.

En la primera estación, el sol brilla con mucha fuerza y nos calienta todo el tiempo. Es la estación más linda, porque cuando llegamos allí tenemos la posibilidad de descansar un montón. Pero pronto debemos subir y continuar con el viaje. La siguiente estación nos espera con el cielo gris. Las hojas de los árboles comienzan a caer, y el frío se empieza a sentir. Luego llegamos a la estación más lluviosa y fría del recorrido. El agua no deja de caer, y muchas veces el viento es tan fuerte que mueve los árboles de aquí para allá. Los guantes y la bufanda son ideales cuando llegamos a esta estación. ¡A veces hasta podemos ver nevar! Pero el tren no se queda allí mucho tiempo, porque debe continuar viajando. La última estación tiene un suave aroma y variados colores. Son las flores que perfuman y adornan el lugar. Es una estación muy linda, porque el sol empieza a asomar. Me imagino que ya conoces el tren, y sus cuatro estaciones. ¡Son el verano, el otoño, el invierno y la primavera, y el tren es el año! Bienvenido a este viaje, que llega a cada estación el día 21. ¡TODOS A BORDO!, y el tren inicia otra vez su viaje.

jueves, 3 de septiembre de 2009

ciencia ficción para chicos II

Este cuento está dedicado a los chicos de la escuela "Nuestra Señora del Huerto", de Rosario. Por sus lindos comentarios; por los increíbles finales propuestos para mis cuentos; por el entusiasmo, y por visitarme tan seguido... Un nuevo cuento de ciencia Ficción para chicos.
saludos!!


TECNOLOGÍA OBSOLETA
TZQ2 abrió sus metálicos ojos, luego de recargar su batería toda la noche y se dirigió al cuarto principal a lubricar sus articulaciones con un poco de aceite. Vivía solo en un pequeño departamento sobre la calle principal.
TZQ2 se dirigió a un panel en la pared, lleno de botones, y oprimió el que tenía un número 113. De un pequeño agujero en el suelo, apareció un hombre, de pelo morocho, con los ojos cerrados y vestido de color plateado. Cuando abrió la boca, comenzó a cantar. De sus labios salió una dulce melodía que cubrió toda la habitación. TZQ2 oprimió algunos botones del panel, y el hombre inició una nueva canción. Luego otra, y otra más. El robot oprimió el número 61, y un nuevo hombre asomó por una de las paredes, también con los ojos cerrados y vestido de plateado. Con sus manos, roció al robot con un frasco lleno de aceite. Y luego le arrojó otro poco por la abertura que parecía una boca. TZQ2 oprimió un nuevo botón y el hombre desapareció por donde había llegado. El robot se acercó a la ventana y miró a través de ella. Afuera otros robots caminaban por la calle, saltaban a la soga, limpiaban vidrios y conducían carretas tiradas por humanos. Algunos humanos estaban parados en la calle, sosteniendo carteles con extraños símbolos. Las carretas se movían, pero cuando los humanos cambiaban de señales, algunas se detenían, y las que se encontraban detenidas, avanzaban. En el jardín de la casa frente al edificio de TZQ2, un robot sostenía de los pies a un hombre que con sus manos cortaba el césped. TZQ2, volvió su mirada dentro del departamento, oprimió un nuevo botón, y otro hombre apareció desde el suelo, esta vez en cuclillas. Luego de unos segundos, el hombre desplegó sus brazos, y estiró un frasco con aceite.
–Bien caliente –dijo TZQ2 luego de tomarlo con sus tenazas.
La música seguía sonando en la habitación.
Un extraño pitido se hizo presente, y el robot oprimió el número 275 de la botonera sobre la pared. Un nuevo hombre apareció haciendo el extraño sonido con su boca. TZQ2 se acercó y el sonido se detuvo.
–Hola. ¿Quién habla? –dijo con voz tranquila mirando el rostro del humano.
–TZQ2, habla TXC44. ¿Te encuentras bien? –se escuchó a través de los labios del hombre.
–Si, jefe. Sólo tengo un poco de fricción en las extremidades inferiores. Nada que no se solucione con aceite caliente.
TXC44 rió a través del hombre indiferente.
–Está bien. No es necesario que vengas a trabajar. Tuvimos que cerrar la fábrica hoy porque seis hombres se descompusieron…, y sabes el tiempo que nos lleva repararlos. Tienen estructuras internas muy frágiles.
–Ok, jefe. Entiendo. Le agradezco el aviso. Nos vemos mañana.
TZQ2 oprimió el botón 275 nuevamente y el hombre regresó al agujero de la pared. La música comenzó a repetirse sin cesar. Una y otra vez, la misma estrofa. TZQ2 se acercó al hombre que cantaba, y comenzó a golpearlo en la cabeza. Dos, tres, cuatro golpes.

En otro tiempo, Martín en su cuarto, escuchaba música. El CD comenzó a fallar y la música no dejaba de repetirse. Se acercó y golpeó al equipo de audio. Una, dos, tres veces. Hasta que comenzó a funcionar nuevamente. Tecnología obsoleta, pensó, y se recostó en su cama.


Si queres conocer más historias de la ciencia ficción para chicos, lee estos cuentos:




martes, 1 de septiembre de 2009

Nuevo Vecino

Les traigo un nuevo cuento para comenzar el mes. Esos cuentos que nos hacen pensar un poco más en el barrio que vivimos. Saludos!


Nuevo Vecino
Era un Domingo a la mañana. Me acuerdo porque estaba sentada en la vereda, jugando con una de mis muñecas. De pronto apareció un enorme camión de mudanzas, de color rojo y blanco. Había doblado en la cuadra de mi casa y estaba avanzando sobre la calle, cuando se detuvo exactamente frente a mí. Era como si el camión me mirara. Me levanté y entré corriendo a mi casa.

-¡Mamá, mamá, alguien se muda! –empecé a gritar como una loca.

Mi mamá, que ya sabía de qué se trataba, me dijo:

-Si, Solcito. Son los nuevos vecinos. Se mudan acá enfrente.

Dejé mi muñeca y corrí a la calle. Le toqué el timbre a Mariana para contarle la noticia. Ella vive junto a mi casa. Cuando mi amiga salió, me preguntó:

-¿Qué pasa, Sol?

Entonces le conté. Su boca se abrió del tamaño de una sandía. Las dos corrimos a contarle a Julián, que vivía en la esquina. Él también se asombró muchísimo. Nos separamos y cada uno fue a contar a todas las casas del barrio lo que pasaba. En pocos minutos, todos los chicos del barrio estabamos en la vereda de mi casa, mirando el gran camión de mudanzas.

Algunos chicos decían que era una pareja de recién casados los que se estaban mudando. Otros aseguraban que eran dos ancianos que querían vivir en un barrio tranquilo. Y otros, que sería una familia con muchos hijos. Pero lo cierto era que nadie sabía quién ocuparía esa casa.

Sin que nos diéramos cuanta, apareció un auto color azul, y se estacionó detrás del gran camión. Cuando lo vimos, todos empezamos a murmurar. Del auto bajó una señora con una enorme panza de embarazada. Luego apareció un hombre con un bigote muy grande y gracioso. Y nadie más bajó del auto. Todos esperábamos ver bajar a un nene o a una nena, pero eso nunca pasó.

Varios hombres comenzaron a bajar las cosas del camión, y nosotros nos quedamos viendo. Había pasado como una hora desde que todos nos habíamos reunido. Cuando el camión se fue, pudimos ver el cartel que habían colocado en la puerta de la casa: “Clases de Violín”.

Sí. A mi barrio se había mudado un músico. Jorge, que es el profesor, comenzó a darle clases a casi todos los chicos del barrio. Y a mí también. Todas las noches, cuando nos acostamos, Jorge toca su violín desde su casa. Y eso hace más hermoso a mi barrio.

sábado, 29 de agosto de 2009

Discusión entre árboles

Un cuento que narra la discusión entre dos árboles, sobre quién es mejor y qué puede hacer cada uno. Que lo disfruten. saludos!


DISCUSIÓN ENTRE ÁRBOLES
Un eucalipto y un ombú fueron plantados el mismo día, uno muy cerca del otro. Con el paso de las semanas, dos brotes comenzaron a asomarse. El ombú crecía despacio, sin apuro, mientras el eucalipto se extendía hacia el cielo. Su tronco crecía sin cesar, y de él se desprendían ramas por doquier. Mientras tanto, el ombú lo veía alejarse del suelo, cada vez más alto.

Un día, el eucalipto decidió hablarle a su compañero.

–Querido ombú, me extraña que no crezcas como lo hago yo. ¿Tienes miedo a las alturas? ¿No quieres ver el mundo desde lo alto?

–Me encantaría, amigo eucalipto, pero creo que lo importante no es llegar tan arriba, sino mantenerse y ser feliz donde uno está. Le pregunto, ¿sus raíces son suficientemente fuertes?

–Jajaja –rió el gran árbol–. No necesito de mis raíces. Al llegar tan alto, casi tocando el sol, sus rayos me ayudan a alimentarme, y las pocas raíces que tengo toman algunos minerales de la tierra. Yo no necesito raíces fuertes. Además, ¿quién mira las raíces? Todo hombre que pasa por aquí, mira mi magnificencia, mi altura. En usted no encuentra nada atractivo.

–Está muy equivocado. Mis raíces y mi tronco grueso son muy atractivos. Y me ayudan a sostenerme, a mantenerme en pie.

–No necesito nada de eso. Creceré y creceré, hasta verlo a usted tan pequeño como una hormiga –dijo el eucalipto con voz fuerte, ya que cada vez estaba más lejos del pequeño y bajo ombú.

Pasaron varios días, y mientras el ombú fortalecía sus raíces, el eucalipto no dejaba de estirarse. Pero una tarde, el cielo se llenó de nubes negras, espesas nubes que anunciaban una gran tormenta. El aguacero se hizo intenso, pero eso no preocupó a ninguno de los dos árboles. Sin embargo, la lluvia llegó acompañada de fuertes vientos, vientos tan potentes que movían al eucalipto de aquí para allá. Mientras el ombú se mantenía firme en su lugar, el eucalipto comenzó a desprenderse del suelo. Sus delgadas y débiles raíces no le permitieron sostenerse en pie, y cayó. Cayó muy adolorido en el césped. Cuando el temporal se detuvo, el árbol que se había preocupado por crecer muy alto, se dio cuenta que el ombú seguía firme y resistente. Entonces comprendió que es importante crecer, pero también mantenerse firme para poder soportar todos los problemas que pueden llegar. No importa sólo lo que los otros ven, sino también lo que nos da fuerza para mantenernos en pie, como las raíces del árbol.

sábado, 22 de agosto de 2009

Vista de Lince

He aquí, un nuevo cuento. Una editorial me había pedido un cuento sobre aceptarse a si mismo, tal cual somos. Y surgió este cuento. Espero lo disfruten.

saludos


VISTA DE LINCE

Todos sabemos, y para los que no lo sabían, se los cuento, que los linces tienen una vista fabulosa. Pueden ver a la lejanía, cualquier cosa. Pero en esta historia, Linceo, el lince tiene un pequeño problema en la vista: Es miope. Cada día cuando se levantaba, se tropezaba mínimo tres veces con su cama, dos con su escritorio, y cuatro con la mesa de la cocina. ¡Linceo veía poco y nada! Estaba cansado de golpearse y golpearse y de perderse por no ver dónde estaba. Entonces tomó una decisión: Pidió ayuda.
Linceo golpeó la puerta del búho, en el bosque donde vivía, y le explicó el problema que tenía. El ave escuchó con mucha atención, y cuando el felino terminó su relato, el búho le pidió que aguardara un rato, porque él tenía una respuesta.
El ave apareció nuevamente en la habitación, con un par de anteojos. Linceo lo miró extrañado y le dijo que él no podía usar lentes… ¡Que un Lince no podía usar anteojos!
–Esta es la mejor solución. Podrás ver de cerca y de lejos; lo grande y lo pequeño; lo lindo y lo feo. Podrás ver todo lo que antes te perdías.
El lince dudó unos segundos, miró intrigado los anteojos y se los probó. Entendió que usar lentes no era tan malo. Y así termina la historia del único lince que no veía nada, y comienza la historia de Linceo, el lince que todo veía.